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LOS ROSTROS DE JESÚS; ¿era un peligro para Jerusalén?

Por Juan Antonio Segura *

¿Quién fue este Hombre que a muchos llama la atención? Jesús de Nazareth, el Hijo de Dios, el Mesías, el Cristo. Un hombre que nació para cambiar la historia y ahora vivimos bajo su época. Sabemos gracias a los Evangelios apócrifos de la existencia de un niño que hizo una infinidad de milagros, entre ellos dar vida a gorriones de barro, con un simple soplo de vida, como le dio vida Dios a Adán. Pero, también vemos en el niño Jesús la acción de resucitar y salvar la vida de algunos pobladores de su aldea entre ellos a un niño amigo suyo. Pero al fin niño, cuando era molestado por otros niños, Jesús les quitaba la vida con el simple hecho de ser tocado por otros niños. Su padre terrenal, José, al darse cuenta del peligro lo llevó junto a su madre, Miriam, mejor conocida como María, y le recomendó tener cuidado con él. Sin embargo, lo más extraordinario fue, cuando nació Jesús, la presentación de él mismo ante su madre: “Yo soy Jesús, el Hijo de Dios”. Ya podremos imaginarnos el asombro de María al ver al recién nacido hablar y con qué palabras.

La infancia de Jesús tiene muchas cataratas en la historia. Y lo poco que se sabe es de sobra inusual para un niño. Pero es el Hijo de Dios. Y todo podemos esperar de Él. Pasado el tiempo, nos encontramos con un Jesús profeta. Realizando su tarea que Dios le dio. Hay quienes aseguran que Jesús era un Esenio, una secta de judíos puros, o sea arios, como lo menciona Flavio Josefo,en La guerra de los judíos. En dicha congregación, se vivía en comunidad, de ahí la idea de que Jesús fuera comunista. Según Josefo, la túnica blanca que utilizaban era sagrada y no podían cambiarla, al igual que las sandalias, hasta que no estuvieran totalmente inservibles.

Para ciertos autores, como es el caso de Modesto Martínez Casanova, en su libro Jesús el Esenio, asegura que Cristo no era judío, sino Esenio. Dando la teoría de que los esenios no eran judíos. Porque Jesús era hijo nacido de padres esenios, en Galilea y él, Jesús, era galileo.

No creo que Flavio Josefo mintiera. Pero en algo concuerdan, la secta, al amanecer de todos los días, dedicaban una hora de oración al culto del Sol Levante, como símbolo de la luz pura. Porque “Dios no habla en las tinieblas”. Para Robert Graves, en su novela histórica Rey Jesús, menciona que Jesús, el heredero al trono de los judíos, había estudiado con los esenios. Sea como fuere, el Nazareno fue parte de la secta sabia y allí obtuvo sus conocimientos para luego viajar por el Oriente todo.

Tocado el texto de Graves, él pone a Jesús como el legítimo heredero al trono de los judíos por ser descendiente directo del rey David. Y por consiguiente su muerte en la cruz, se debe a cuestiones políticas y no religiosas. Jesús era un peligro para Jerusalén. En aquella época, los profetas aparecían de la nada. En cada esquina había un hombre sermoneando a la población, ¿entonces por qué del interés que se dio a Jesús? Por un lado, los romanos y por el otro el nazareno, la corona israelita corría peligro y los privilegios estaban por desaparecer, tanto políticos como de los sacerdotes estaban, posiblemente por desaparecer.

Graves, sin embargo, no maneja en ningún momento a la prostituta de Magdala, como otros libros lo hacen. En el Rey Jesús, María de Magdala es una peinadora vieja y un tanto loca. Para José Saramago, en El evangelio según Jesucristo, Jesús se siente atraído por la magdalena y de hecho nos informa que pasó siete días con ella. Jesús el hombre se impone ante las palabras de Saramago. Y nos deja la duda al momento de la crucifixión, cuando menciona “madre eh ahí a tu hijo, hijo eh ahí a tu madre”. Sabemos que se dirige a María y a Juan, pero la duda nos llega al momento de preguntar a cuál de las Marías presentes, porque son tres las que están a sus pies, y nos dice que bien podría haberse dirigido a María de Magdala.

Muy cerca del manejo de la extraordinaria novela, La última tentación de Cristo, donde su autor, Nikos Kazantzakis, nos habla de los amoríos de Jesús con María Magdalena, bailarina exótica entre los otros encantos que tiene. En el texto de Nikos, Jesús es el carpintero experto en cruces para la crucifixión. De hecho, el nazareno no es querido por la comunidad y los llaman: el crucificador. Cuando pasa la “pasión”, después de todos los acontecimientos ya conocidos por todos, Jesús se encuentra colgando de la cruz para luego darse cuenta de que todo se trató de un sueño. Y su ángel de la guarda habla con él. Lo conforta y Jesús no puede creer que no haya muerto en la cruz. Y de quien toda su vida estaba enamorado, se encontrara junto a él, la magdalena.

Las versiones corren. Jesús casado con María de Magdala. En La última tentación de Cristo vive feliz y largos años junto a ella. Mientras que Umberto Eco, en su Péndulo de Foucault, nos afirma que los Evangelios canónicos no dicen quiénes se casaron en Caná, donde Jesús convierte el agua en vino, porque la boda era del nazareno con la magdalena, el treceavo apóstol.

En el libro de El código Da Vinci, de Dan Brown, hija de la mercadotecnia, pero como dice Ernesto de la Peña, uno de los 17 sabios del mundo, funciona como novela, menciona la idea de Jesús, como en el caso de Graves, de sangre real, pero a diferencia de Rey Jesús, también María de Magdala es descendiente de reyes. Y de allí la fuerza del poder de la pareja. Brown nos habla de la descendencia de Jesucristo que es el verdadero Santo Grial y no la copa utilizada en la última cena. Y por ello debe de ser protegida.

Pero no debemos olvidar que, con la muerte de Jesús en la cruz, nace la culpa y el arrepentimiento dados a la humanidad por el crestiano, como diría Graves: “crestiano es el cristiano”. Y en la historia de los evangelios canónicos hay un gran culpable: Judas, el odiado por la humanidad, aún más que Salinas y eso es mucho decir.

Pero es posible pensar que Judas era parte del plan de Jesús para morir en la cruz. Según el Evangelio de Judas sí. Allí se habla de Jesús que observa a sus discípulos discutiendo, “como niños” y se ríe de ellos porque los cree incrédulos e ignorantes y no entienden nada de los planes del nazareno. Salvo Judas, a quien aparte de los demás sólo para mencionarle que él será su elegido y le mostrara las maravillas del Universo, pero con un gran riesgo, ser odiado por la humanidad. Judas ayuda a Jesús a llevar a buen puerto su proyecto de vida. Por consiguienteno se trata de un traidor, como la iglesia, por siglos, lo ha dado a conocer, sino del cómplice del Mesías.

Sin embargo, la culpa es prima hermana del arrepentimiento. Como lo muestra la excelente novela Barrabas del premio Nobel de literatura, PärLagerkvist. En Barrabas nos muestra el rostro del hombre que fue liberado en lugar de Jesús. Y con el paso del tiempo, Barrabas sufre de una especie de arrepentimiento por los acontecimientos ocurridos a el nazareno. La culpa comienza a invadirlo. Pero se niega a creer en una persona que muere como mueren los esclavos, en la cruz. Porque si él fuera el Mesías, se salvaría a simismo, como lo dice el mal ladrón. Y aparte pasar por tortura semejante ante la muerte en la cruz, no es para el Hijo de Dios. Por cierto, Flavio Josefo menciona los tormentos que sufrían los condenados a la cruz. En La pasión de Mel Gibson, de acuerdo a Josefo, Jesucristo sufrió como lo describe la película. El carpintero, según la visión de Gibson, de mesas, fue torturado bárbaramente.Y con eso llega a mi mente los versos de Miguel de Guevara: No me mueve mi Dios para quererte… / muéveme Tú, muéveme el verte / clavado en una cruz y encarnecido, / muéveme el ver tu cuerpo tan herido..

Finalmente, por cuestiones del destino, Barrabas está por morir en la cruz y la culpa lo lleva al arrepentimiento para luego creer en Jesucristo.

Literaturas hay muchas entorno a Jesús. Diferentes visiones no lo muestran. Como es el caso, por mencionar algunos, de El mesías ario, una fumada donde manejan la teoría, y no de Falvio Josefo de los judios puros, sino de que tiene que nacer un nuevo Cristo, que no sea débil, como el anterior. Y resulta que el nuevo mesías sería Hitler. O La comunidad de la Sábana Santa, de Julia Navarro o algo más serio y conmovedor sería El cristo del océano y un largo etcétera.

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