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La cibercultura

Juan Antonio Segura *

De la palabra cibernética podemos desprender la palabra ciberespacio. De ésta salen cibersexo, ciberpunckciberfeminismo y un largo etcétera, hasta llegar al cibercafé. Todas ellas las podemos conjuntar en la palabra cibercultura; pero cuál fue el camino para llegar a ella.

La cibernética nace en plena segunda gran guerra a raíz de la creación de mecanismos de control para la artillería antiaérea que tuviera la capacidad de regular su propia trayectoria.

Norbert Wiener, considerado el padre de la cibernética, enfocó susconocimientos hacia una ciencia del control y la comunicación en la teoría de la información y retroalimentación de cómo animales y máquinas se manejaban para hacer ciertas cosas.

En sus inicios, la cibernética se situó en el diseño exclusivo de la máquina, la robótica. Pero Wiener amplió dicho objetivo y lo ubicó al estudio funcional de los sistemas humanos y sociales y la definió como la ciencia del control y la comunicación en el animal y la máquina.

Es la idea de la circularidad a través el concepto de retroalimentación. Se define como la capacidad de respuesta para el mantenimiento de un estado de equilibrio. Dicha circularidad es el mecanismo que lleva a la regulación de un sistema. La regulación es producida tras la ruptura de equilibrio, es cuando el estado ideal del sistema no coincide con su estado actual y lo hace reaccionar en la búsqueda de equilibrio.

La Cibernética, junto con a la Teoría General de Sistemas y la Dinámica de Sistemas, como lo expresa Ralph Abraham, son las raíces que dan origen a las Ciencias de la Complejidad.

La contribución más importante de las Ciencias de la Complejidad es la demostración de que los sistemas vivos no pueden ser comprendidos desde el análisis de las propiedades de las partes y de los elementos; no son intrínsecas y, por tanto, sólo se entienden desde el contexto del todo. Así llegamos a decir que el pensamiento sistémico, es un pensamiento contextual, ya que el proceso y los cambios marcan la dinámica fundamental de los sistemas.

Para una gran mayoría de autores sobre el tema, su manejo es con el de un cartógrafo. Marcan los sistemas existentes, sus fronteras y acaban siendo teorías donde la vida no está presente.

Ken Wilber, filosofo estadounidense, cree (1995) que la teoría de sistemas se centra en dibujar los aspectos externos del sistema social y tan sólo dibuja una parte del mundo, olvidando los aspectos culturales, conductuales, individuales y sociales.

En 1958, Hernz Von Foerster hace una revisión crítica de la teoría de Wiener. Para él, la cibernética introducía cambios importantes, pero no suponía una ruptura epistemológica ya que seguía el modelo de la ciencia clásica por el cual el observador esta fuera del objeto.

Von Foerster aclamaba por un nuevo modelo del conocimiento científico en el cual el observador fuera parte del sistema. Con esto nacen la cibernética de primer orden o clásica y la de segundo orden o teoría de la complejidad.

La teoría de la complejidad nos lleva al mundo de la experiencia cotidiana o de laboratorio de donde parten las ideas. Un conocimiento donde no implica una correspondencia con la realidad. La realidad encaja con diferentes conocimientos, significados, interpretaciones y experiencias. El conocimiento se construye a base de la reflexión.

El trabajo de la cognición es flexible para organizar al mundo como experiencia de sujeto y no funciona como verdad o realidad ontológica objetiva. El conocimiento tiene que ser viable y adecuarse a nuestros propósitos; equivale a una función de supervivencia y no a una descripción del mundo exterior.

En consecuencia, un sistema humano, un sistema social no es un sistema en equilibrio. El equilibrio se da entre el orden y el desorden. De esta manera podemos llegar a un término global de red: La Cibercultura.

La cibercultura no tiene un núcleo, ni líneas directrices o entidades ligadas a un tiempo y a un espacio. La cibercultura es plural, ya que la autopista de la información se une gracias a la retroacción constante. La interactividad marca el aspecto fundamental del sistema social actual.

A manera de conclusión, un sistema social donde un pensamiento racional no impone un límite al concepto que una persona tiene de su relación con el cosmos de la información.

Para que exista la cibercultura, el esfuerzo tiene que ser racional y el racionamiento se construye con hábitos que a la vez son estados de libertad. La libertad comparece por encima de la eficiencia como poder sobre la probabilidad. La inteligencia se mueve entre el ser y el no ser.

Mirar a la cibernética, sin quitarle su importancia en la construcción que nos llevó a la cibercultura, como un ojo visor o la idea del gran hermano en una sociedad totalitaria como la planteada en las grandes utopías de Platón o Thomas More es llevarnos a la ceguera de la caverna de Saramago.

Cibernética deriva del griego “kibernetes“, timonel. El timonel es el que gobierna al barco a manos de un piloto. El conductor hace un trabajo intelectual, sin embargo, no deja de ser subalterno del capitán. Y todo trabajo, según la cibernética, podrá ser confiado a una máquina.

Hay que tener cuidado con las grandes proyecciones. No olvidemos a la Revolución Francesa y sus logros en los derechos del hombre acompañada de la guillotina. O la concepción de Octavio Paz de la Revolución Industrial la cual a quién beneficia.

El control es hoy día este pensamiento vigilante que acompaña a la ejecución y no es suficiente para garantizar la humanidad del pensador. La cibernética sería la encargada de clarificar completamente y hasta su mecanización total los movimientos del pensamiento regulado. No cabría el pensamiento del escritor D. H. Lawrence: “Lo que es pornografía para un hombre, es la risa del genio para otro”.

* Periodista y escritor

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