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En torno al libro El pájaro de fuego y otros cuentos alucinantes

Juan Antonio Segura *

La mitología es una realidad alterna. Son situaciones donde se pone a prueba a los humanos. Y estos consisten precisamente en los sueños y todo lo que conlleva esta palabra. Las alucinaciones son, también, realidades alternas, distorsionadas y se tiene la percepción verídica del acontecimiento. Las alucinaciones son meramente internas, esto es, no hay un estímulo exterior. Son de alguna manera creada por el inconsciente, precisamente donde los sueños habitan.

Alejandra Camposeco en su libro El pájaro de fuego y otros cuentos alucinantes, nos lleva por un viaje al interior de mentes trastornadas, tocadas por la mitología atrapada en los sueños de los hombres. Sirenas que con su canto hipnotizan a las personas, como sucedía a Ulises en la Odisea, para que éstos las miraran hermosas y con sus encantos quedaran locamente enamorados.

Pero no todos los sueños son agradables. Los sueños también se convierten en pesadillas, otra realidad alterna, donde podemos sufrir de transformaciones al estilo de la Metamorfosis, de Kafka, donde un sueño despierta una aberrante realidad.

En las hojas de estos cuentos, nos encontramos con el misterio sin responder de el por qué suceden ciertas cosas en el inconsciente precisamente en el momento de dormir. Donde, podemos experimentar la muerte misma en situaciones jamás vividas en la realidad que conocemos.

Como ya había mencionado, en estas páginas nos encontramos con aquellas sirenas hermosas, amigos imaginarios, pescadores, la fe en el crucifijo y diarios que podrían darnos ciertas explicaciones a los acontecimientos. Pero no todo lo que se pinta en imagen es real. Nos encontramos con la alteración de los hechos, de la vida, pero, a la vez, también nos planta en la realidad de las palabras:

Las sirenas son mujeres pájaros, tienen senos erguidos, alas emplumadas, rostro femenino que a veces se cubre de barba, garras por lo general de rapaz, menos frecuentemente de león.

Todo en estas páginas es misterio, magia, hechizo, alucinaciones.
Pero los sueños nos llevan al lenguaje. Y el lenguaje de los sueños es poético. Camposeco en estas líneas que hoy tengo entre las manos, nos dice que en ningún momento ha dejado de lado la poesía, poeta, al fin y al cabo. El lenguaje utilizado es completamente poético, cito:
Entonces sumerjo este fragmento de luna en la espuma de una ola y lloro como un crío.

En los sueños, sin lugar a dudas, el amor es vital. Como en la existencia misma. Todo se hace por amor. Y el amor es delirio, hipnosis, misterio, alucinaciones. En la desesperación misma del enamorado, cuántas veces no nos encontramos con las historias de brujos, hechizos para los enamorados. Pero los finales pueden ser inesperados.

El amor, bien podría ser un personaje más dentro de estas historias de misterio. Un amor enloquecido, un amor loco de atar por medio de las fobias; pero, es el miedo a lo desconocido, sin embargo, allí siempre nos encontramos con lo hermoso. Hasta lo grotesco puede ser bello.
Porque hasta en las historias sangrientas, vampíricas –pero no la historia común ya de todos conocida–, sino aquellas donde vemos el asco de la sangre echada a perder y con olor a putrefacción, como una muerte viviente. Seres de la noche que pueden ser todo y nada. Historias de bellezas, sí, de una belleza grotesca, terrorífica.

Y así podemos seguir recorriendo página a página, palabra a palabra los cuentos de Alejandra para siempre toparnos con lo poético:

Suspendido en un tiempo rocoso, elevo la vista buscando encontrar el más leve indicio de ti, de nosotros. El mar es el suspiro azul de la tristeza. El agua camina pacífica en la negrura de los días…

Y nos cubrimos de una pasajera llovizna de nostalgia. El agua nos inunda en la inmensidad del mar, en la oceánica desolación donde sólo encontramos un fiel testigo, oídos felinos sin réplica.

Pero recordemos que Camposeco nos dice que todo son sueños. Fantasías, mágicos ensueños de lo inverosímil. Anhelos y fe en las creencias nuestras. Creación de nuestros propios paraísos, lo que esto signifique para cada uno y a dónde nos pueda llevar en las realidades alternas.

Y esos caminos nos conducen a lo paranormal. La brujería, una vez más, la hechicería donde los rituales hacen estremecer al cuerpo y los vellos de la piel se erizan ante lo increíble. La modernidad lo oculta, pero siempre están entre nosotros.

Pueden ser las costumbres antiguas, las creencias que están allí en el misterio de las cosas. Es la identidad, la idiosincrasia en los ritos que nos llevan a finales nunca antes esperados para nuestra sorpresa.
Es así como Alejandra Camposeco nos lleva de la mano, o en este caso, de las palabras, por el misterio que acompaña el juego del destino. Por unas cartas del Tarot, por el número siete, siempre cabalístico y un escenario adecuado a las circunstancias. Los amantes lo saben. Entre la fe de los creyentes, la aventura, los guardianes de la palabra y el deseo que todo lo rompe.

Y la escritora se toma su tiempo para que en un microrrelato nos muestre la capacidad atmosférica de recreación tenebrosa entre un recuerdo triste y chocarrero.

La autora nos narra espectrales historias. Una lucha con el pasado del personaje. Con los fantasmas que lo persiguen en recuerdos, en la memoria de los sinsentidos de la vida.

Y los mitos aparecen por doquier. Y nos enfrentamos a la caverna de Platón y nos dice que es una paradoja: el que hace fantasmas, es decir el imitador, no conoce más que la apariencia de las cosas, y en modo alguno los que ellas tienen de real. Nuevamente las realidades alternas, las alucinaciones, que no es más que la realidad distorsionada.

“La realidad no es otra cosa que la capacidad que tienen de engañarse nuestros sentidos”. Nos instruye con las palabras de Einstein, para reafirmar lo que hemos venido diciendo sobre las realidades.
Es sólo un paseo por los senderos en que habitan los mutantes. Seres alucinantes, fenómenos de la naturaleza ante las miradas incrédulas, pero están allí ante nuestros ojos.

“Todo lo que se pueda imaginar, otros podrán hacerlo realidad.” Nos vuelve a instruir con las palabras de Julio Verne.

Son engendros. Toda una colección de engendros donde la mirada es juez. Es decir, quien juzga decide quién es un engendro. Somos parte de una exposición y el enfermo mental o psicópata es el coleccionista de una realidad que no es lo que parece.

En cada habitación (esto me encanta) duerme un escritor abrasado a un manuscrito inédito, no sueña con hombres, mucho menos con caballos, sino con mafias editoriales, premios y publicaciones que se convierten en bestseller.

Sueños que reflejan anhelos cargados de mitologías. Porque, recordemos, son realidades alternas. Ausencias. La ausencia de cada mañana es el despertar del sueño. Son los amantes que se marchan sin avisar. Los amantes fugaces y la soledad del ensueño alucinante.
Trastornos donde el inconsciente te traiciona y las realidades se transforman, sí, una vez más. Una realidad paralela a todas las realidades posibles.

Alejandra en sus cuentos nos narra como la muerte siempre está presente. Sí, nos acompaña desde que nacemos. En una cultura como la nuestra, donde hasta nos burlamos de ella, la seriedad se acaba mientras la miremos de lejos.

Pero la muerte puede ser no eterna, sino una reconstrucción. Como el Ave Fénix un renacer. Como el sol para nuestros ancestros, donde muere cada noche para renacer al día siguiente. Con su respectivo sacrifico, claro.

Alejandra Camposeco nos presenta su libro. Pero realmente sabemos lo que hay detrás de estas líneas, de su pensamiento, de los fantasmas que arrastra. Ella nos comunica una cierta realidad, verdadera o falsa, no lo sabemos, y no nos interesa la veracidad de las palabras es suficiente.

Nos encontramos con un escritor dentro de los cuentos de Ale. Podría ser la autora o no, pero nos muestra las dificultades de creer en la creación.

El drama de la vida. La identidad y lo que somos. Los reflejos de la sociedad y su moral moralina. Pero la pluralidad está allí. Y siempre, andamos en busca de la resurrección de una nueva vida. De la salvación. Del amor que a fin de cuentas pueda salvarnos, incluso del mismo complejo de Edipo.

Y nos damos cuenta en el libro de cuentos de Alejandra que el amor es locura. Y que buscamos los hechizos de amor para alimentar esa locura, así el precio sea muy alto, incluso el propio infierno.

Pero Camposeco nos dice que los sueños siguen estando allí, entre las palabras, que conforman este libro. Nos muestra las alucinaciones, los animales fantásticos, monstruos de forma humana, mismos que son habitantes de sueños intranquilos. Hay quienes prefieren llamarlas pesadillas, otros, simplemente juegos del inconsciente y están ahí, en nuestras vidas cotidianas, en las lecturas, en la naturaleza, en la humedad de nuestros sentidos y son los fantasmas que habitan los sueños y el lenguaje.

El misterio que se envuelve en un beso. Un beso donde se juega la vida. Un beso que es la existencia por sí sólo.
Y una y otra vez Alejandra pone el dedo en la llaga. Y nos dice que todo puede parecer un engaño. Pero gracias a los engaños conscientes, las alucinaciones nos transportan a estados diferentes de la realidad. Lo que sucede en ese trance los vivimos en carne propia. Son las verdades ocultas.

Y los sueños se comparten. Sin embargo, el sueño de uno puede ser la desgracia del otro. Cuando el sueño se pierde, el dormir bien, la vida puede salirse de control. Los sueños son ahora pesadillas en tan sólo un abrir y cerrar de ojos. Pero, cabe la pregunta: ¿quién es el soñador y a quién sueña?

Alejandra Camposeco nos comparte con este libro sus sueños alucinantes. Sus misterios y su gran escritura.

* Periodista y escritor.

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