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El sufrimiento del corrupto Javier «N»

 

Javier Duarte regresó a México para enfrentar las acusaciones de una evidente corrupción, delincuencia organizada y lavado de dinero, que se le imputan en México. No es poca cosa.

Pero cínicamente, el ex gobernador de Veracruz ha anticipado que puede recuperar su libertad en poco tiempo, pues las acusaciones en su contra no tienen sustento. Quizá no le falte razón, si se tiene en cuenta el historial de casos que «pierde» la PGR por mal sustentarlos.

El gobierno de Duarte sembró en Veracruz el ambiente más criminal y siniestro del que se tenga memoria, en medio del cual ocurrió un enorme desvío de miles de millones de pesos.

La risa estúpida, los ojos desorbitados de Duarte, ¿significan que se sabe predestinado para la guerra sucia contra López Obrador como vía de acceso al reino de la impunidad? ¿Cuál será su rol de cara la 2018?

 

El sufrimiento del corrupto

En el Reclusorio Norte de la CDMX, el reporte médico registró que Javier Duarte toma pastillas desde hace tres años para controlar la depresión y que ingiere gotas desde hace cuatro años para atacar la ansiedad.

Toma medicamentos desde hace cinco años por un problema de hipertensión y desde hace ocho años tiene un tratamiento para controlar el hígado graso.

Tiene un cuadro problemático que, si se descuida, puede ser mortal. En otras palabras, esto quiere decir que sólo de algún modo dopado, el siniestro veracruzano puede soportar la vida.

Y falta que vea al psiquiatra para una valoración de su estado emocional.

Una cosa lleva a la otra: tanto delinquir para vivir bajo insoportable estrés, en el fondo ser infeliz, y caer en prisión y en una de las peores incertidumbres.

Pero qué tal Karime, la mujer: cómo la ha de estar gozando.

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Juan Manuel Magaña

Periodista