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¿Por qué tres presidentes no pararon la ordeña de los ductos de Pemex?

Eso de los huachicoleros es algo que el Estado negligente y omiso -a cargo de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto- dejó crecer hasta convertirse en la monstruosidad que es.

La ordeña de gasolina de los ductos de la petrolera ha sido también parte de la forma perversa en que se fue abandonando a la principal industria de los mexicanos para, al final, deshacerse de ella.

Uno puede revisar las notas en los diarios, sobre todo en los gobiernos de Calderón y Peña, para darse cuenta que son cientos, si no es que miles, los reportes de robo de gasolina que a la federación le valió atender. Los directores de la otrora paraestatal se hacían de la vista gorda y en sus pulidos balances nunca se reflejaba la gravedad de este problema… ni de ningún otro.

Total, si de lo que se trataba era de matar a la gallina de los huevos de oro.

Pero eso sí, aunque solo fuera en el discurso, Pemex era, hasta antes de Fox, la niña de los ojos del Estado mexicano. Simbólicamente era el gran patrimonio de los mexicanos. Y sus instalaciones y sus fierros eran considerados prácticamente un asunto de seguridad nacional.

Carlos Salinas (principal impulsor de la venta de garaje de las propiedades del Estado) y Ernesto Zedillo prefirieron mantener ese mito de que Pemex cobijaba con su rico manto a todos los mexicanos. No se atrevieron ni siquiera a insinuar su privatización, pero eran la élite política y los caciques sindicales quienes en realidad medraban con esa empresa; los beneficios de la riqueza petrolera nunca llegaron a la población.

En cambio, Pemex se convirtió en el mayor foco de corrupción de, por lo menos, los últimos cinco sexenios: a quién no le suenan los nombres de Joaquín La Quina Hernández Galicia, Chavita Barragán, Carlos Romero Deschamps, Juan Camilo Mouriño. Y qué decir de César Nava, de Felipe Calderón y Emilio Lozoya (en el caso Odebrecht), de los hijos de Martha Sahagún (Manuel y Jorge Alberto, y Oceanografía y sus espléndidos contratos con la paraestatal). Y qué decir de todos los nefastos directores en esos cinco sexenios.

Lo del robo de gasolina comenzó en el año 2000 y ya lleva 17 años. Subrayar la obviedad: no es nada nuevo. La extraña relación entre periodismo y política lo mantuvo en un bajo perfil, como ocurrió con el caso del narcotrafico y de la muerte o desaparición masiva de mexicanos: las cosas se saben o se publican hasta que son monstruosas.

Pero, decíamos, de algún modo todo mundo sabía, y sobre todo el gobierno, lo que venía pasando en estados como Guanajuato, Tamaulipas y Puebla en el caso de la ordeña de gasolina. No se actuó porque Pemex ya estaba sentenciada de muerte y le robo de gasolina eran migajas de su destrucción

Por eso uno se pregunta: ¿por qué hasta hoy a Peña se le ocurrió pedir una «estrategia integral» para acabar con los huachicoleros?

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Juan Manuel Magaña

Periodista