OpiniónPercepción Política

El encuentro del Papa con los padres de los 43

Percepción Política

Por Juan Manuel Magaña

No cabe duda que el tema de la próxima visita del Papa Francisco a México, entre el 12 y el 17 de febrero, tiene vuelta loca a la iglesia mexicana.

En la entrega anterior decíamos que ya se podía percibir el nerviosismo del clero local ante la cercanía de la llegada del pontífice, pero sobre todo porque se anticipa que éste vendrá con la espada desenvainada frente a los serios problemas que lastiman a los mexicanos: miseria, violencia desde el poder y corrupción.

Decíamos que un asunto que pone los pelos de punta tanto al clero doméstico como al gobierno del país es el posible encuentro de Francisco con los padres de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, en Iguala, Guerrero. Un caso paradigmático en el que la iglesia y el poder le han fallado a la sociedad.

Y en medio de todo esto, apenas hace unos días el cardenal Francisco Robles Ortega, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, confirmó en Guadalajara que el Papa Francisco tiene programado reunirse en febrero con víctimas de la violencia en el país, entre quienes estaría el grupo de familiares de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

La confirmación es interesante si se toma en cuenta que días antes el secretario general de dicha Conferencia del Episcopado Mexicano, Eugenio Lira -es decir, el segundo de Robles Ortega-, dijo que será «difícil» que el pontífice encuentre un espacio en su agenda para recibir en privado a familiares de desaparecidos en su visita al país.

Lo más que podría pasar, según Lira, sería que los padres de los 43 desaparecidos en septiembre de 2014 podrían estar presentes en la última misa que Francisco celebrará en Ciudad Juárez, donde enviará un mensaje a los migrantes y las «víctimas de alguna forma de violencia». Aquí habría que recordar que desde 2006, la escalada de violencia por la dizque guerra contra el narcotráfico ha dejado unos 26 mil desaparecidos y más de cien mil muertos en México, por lo que otro que podría salir raspado por lo que diga el Papa sería Felipe Calderón.

La venida del Papa a México es precedida por el hecho de que familiares de cientos de desaparecidos y organizaciones civiles mexicanas enviaron una carta al papa en la que le pidieron una audiencia para que pueda conocer el rostro de las víctimas de la violencia que azota a esta nación.

Por eso y contra el dicho del secretario del Episcopado de que veía difícil un encuentro del Papa con los padres de los 43, el sacerdote protector de migrantes Alejandro Solalinde denunció que «el gobierno de México y las cúpulas del episcopado mexicano son las que están administrando la visita del Papa y se ve que hay más manejo político que pastoral».

Es difícil creerle al clero mexicano en cualquier cosa, máxime en este caso en que se encuentra tan distante del Papa Francisco. Probablemente el Episcopado podría estar desinformado de los planes papales, pero no deja de ser interesante que un día niega una cosa y otro día la confirma. No se hagan bolas, diría el clásico.

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Juan Manuel Magaña

Periodista