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La sorprendente y repentina mala fama de Lady Bandera

Es sorprendente la manera en que algunos políticos ganan generalmente mala fama en la plaza pública. Y es que ahora existen la redes sociales.

Es el caso de la senadora panista Sonia Mendoza, quien dice haber recibido como obsequio una bandera de México que tiene su nombre bordado en letras doradas, así como la inscripción «Senado de la República».

Como tal, la legisladora debió saber antes que nada que de acuerdo con el artículo 5 de la Ley sobre el escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, “queda prohibido hacer cualquiera otra inscripción en la Bandera Nacional”. Se afirma que toda reproducción del Escudo Nacional deberá corresponder fielmente al modelo a que se refiere el artículo segundo de esta Ley, el cual no podrá variarse o alterarse bajo ninguna circunstancia.

Pero más allá de esto, la legisladora por San Luis Potosí subió a su cuenta de Facebook una imagen de ella con la bandera mencionada a su lado, dizque con motivo de año nuevo. Y ese fue su error. De inmediato fue objeto de severas críticas en las redes sociales.

Por ejemplo, una de entre tantos usuarios de Facebook escribió en la cuenta de la legisladora: “Aunque fuera un regalo, hay que ser inteligente para decidir NO subir la fotografía a las redes sociales. ¿Qué ha hecho usted para creer que merece se borde su nombre en la bandera nacional?”.

Otro le dijo: “Si bordarle su nombre a la bandera no es una modificación, entonces usted no tiene vergüenza, su carrera política está acabada”.

La senadora panista estaba ya en un problema triple. Primero por modificar la bandera. Segundo, porque también debió saber que la ley señala que sobre el uso, difusión y Honores de la Bandera Nacional -previa autorización de la Secretaría de Gobernación-, las autoridades, las instituciones o agrupaciones y los planteles educativos, podrán inscribir en la Bandera Nacional sus denominaciones, siempre que esto contribuya al culto del Símbolo Patrio. Aquí había más bien un culto a la persona.

En tercer lugar, está implícita la ignorancia de la legisladora sobre el uso legal de la bandera.

Al percatarse del crecimiento inesperado e indeseado de su popularidad, la legisladora lanzó un breve comunicado para asegurar que “existe un irrestricto respeto hacia nuestros símbolos patrios, tanto en lo personal, como en mi función como senadora de la República”.

También «aclaró» que el estandarte fue un “obsequio” y que “bajo ninguna circunstancia es una modificación de la Bandera de México y mucho menos ha sido utilizado más allá de ser un elemento en mi oficina”. Hasta aseguró que la bandera fue un regalo entregado por el Senado a los legisladores, y eso conduce a un cuarto problema.

Se sabe que el año pasado la Cámara Alta contrató la hechura de banderas de México con los nombres de los 128 senadores, pero no obtuvo el permiso correspondiente de la Secretaría de Gobernación, por lo que dicho contrato fue cancelado.

La duda queda: ¿miente la senadora sobre quién le regaló la bandera? ¿Fue el Senado el que alteró la bandera y violó la ley? Este es es un caso para Sherlock Holmes o Ágatha Christie.

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Claudia Isabel Braga