Percepción Política

Jacobo y el periodismo

Percepción Política

La muerte del periodista Jacobo Zabloudovsky generó mucha reflexión sobre el personaje en sí y sobre el papel de la prensa en México.

En casi todas las versiones aparecen dos Jabobos: el primero, el de Televisa; el segundo, el de después de Televisa. Recurriendo al lugar común se ha dicho, por tanto, que fue un personaje de luces y sombras, lo cual no nos dice mucho. Habría que saber qué se entiende por «luces» y por «sombras».

El asunto es que primero Jacobo se metió de lleno al periodismo televisivo, un tipo de periodismo que, desde él y hasta la fecha, ha sido practicado en las sombras dentro del monopolio de tv.

Con razón, Jacobo fue señalado siempre de haber sido un virtual vocero del gobierno priista en turno, de silenciar o distorsionar hechos graves y políticamente contrarios al régimen. Si el célebre Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre, definía a Televisa como un soldado del PRI, era Jacobo el que estaba en la primera línea del frente de batalla.

El problema es que cuando una empresa privada, en teoría independiente, practica el oficialismo a ultranza, lo que hace es entrar en una complicidad con el régimen y es ahí donde queda atrapado el periodista Jacobo. Imponer sistemáticamente, desde un monstruo de televisión, una versión deformada de la realidad es faltar al derecho de toda una sociedad a estar informada.

A la muerte de El Tigre, a finales de los 90, siguió la salida de Jacobo. Es cuando muchos coinciden en ver al periodista «libre», incluso crítico y ya bastante maduro. Esa etapa le duró a Jacobo algo más de 15 años en la radio, es decir, en una plataforma infinitamente inferior a la del Canal 2, que él llegó a conocer y manejar como nadie.

Si son los actos los que lo definen a uno, también el tiempo, el lugar y los instrumentos cuentan. Y no es lo mismo el arma de caza con que podría ser comparado el noticiario radial, que el cañón de la televisión que llegó a usar. Por ello, para entender al personaje hay que saber qué hizo cuando tuvo tanto poder, y luego cuando se quedó con tan poco.

Jacobo se fue en un momento en que la prensa en este país casi se ha podrido por completo. Dicen que todo mundo puede tener una segunda oportunidad, lo cual es cierto, y entonces Jacobo sobresalió en su calidad de «libre» en un entorno en el que de todos los noticiarios que hay en la radio -y que eran su competencia- no se puede hacer uno.

La reflexión es que Jacobo encarnó el pacto que siempre existió entre Televisa y el régimen priista. Un pacto muy sencillo por cierto: uno se encargaba de quitarle al otro la competencia que pudiera amenazarles.

Desde la era de Jacobo a la fecha generaciones de periodistas se han frustrado o echado a perder en las televisoras. Pero lo cierto es que Jacobo no tuvo el desempeño atroz que ahora tienen éstas. Antes al opositor simplemente se le cerraba la puerta del monopolio, ahora se da la consigna de golpearlo. La gran diferencia está en que no es lo mismo haber servido al viejo régimen del PRI, a que la tele sea ahora un poder factual al servicio de los intereses de una oligarquía.

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Juan Manuel Magaña

Periodista